El esmero con el que se cultiva esta variedad tardía de melocotón amarilla), que crece en la comarca del Bajo Aragón (Teruel y Zaragoza), le ha valido el reconocimiento con una Denominación de Origen Protegida propia. El melocotón de Calanda es un “Prunus Pérsica” de la especie Sieb. & Zucc y proviene de tres clones seleccionados: Evaisa, Calante y Jesca.
El secreto de su calidad reside principalmente en su embolsado individual mientras el melocotón crece en el árbol. Entre junio y agosto se protegen uno a uno para preservarlos de las plagas (mosca), de las sustancias químicas que pueden emplearse en su cultivo y proteger su delicada piel de las inclemencias del tiempo (granizos).
Su producción se remonta a la Edad Media y aparece ya descrita en documentos medievales bajo las formas de présec o priscos. En 1895 el botánico José Pardo Sastrón realiza una descripción de la producción del «Melocotón de Calanda». La expansión de este cultivo, originario de árboles autóctonos, se inició en los años 50 coincidiendo con el tradicional embolsado del fruto, con un incremento máximo de superficie en las décadas de los años 70 y 80, donde se llegaron a rozar las 3000 Has.
Su color exterior debe ser entre amarillo crema y amarillo pajizo y de apariencia uniforme y liso, sin marcas de insectos o granizo. Su medida mínima por determinación de la DOP es de 73 mm.
El auténtico melocotón de Calanda viene avalado por una pegatina negra y amarilla emitida por el consejo regulador (rechaza imitaciones). Su carne es muy sabrosa, firme, amarilla, dulce (mínimo 12 grados brix) y completamente madura hasta el hueso, ya que no se recoge verde. Por ello, además, pasa muy poco tiempo en cámaras frigoríficas.